
(peces aburridos buscando comida en el lago de Como)
Durante este finde he hecho un poco vida de rico, que no es la que me toca, pero no pasa nada porqué ya he vuelto a centrarme, y la verdad es que no lo hecho de menos.
Empecé mal el fin de semana, porqué en nuestro avión iba un abuelo que montó un pollo que vaya tela. Se sentó en los asientos que estaban reservados por la compañía, y al avisarle de que tenía que dejarlos libres, montó en cólera y dijo que no se movía de allí. Las azafatas llamaron al jefe de pista, que al verse impotente de mover al viejo, llamó a la guárdia civil. El abuelo, tozudo, dijo que si no iba en aquél asiento, que no volaba, y no entendía porqué habiendo asientos libres, él tenía que sentarse en otro sitio. Al final lo detenieron, y nosotros salimos veinte minutos después de la hora de salida. Encima al llegar tarde a Bérgamo, no había pista para aterrizar y tuvimos que estar quinze minutos en el aire, dándo vueltas para esperar a que nos dieran permiso. Una vez en tierra, pensé lo surrealista de todo el percal, ya que el viejo a parte de montar un cristo y no volar en aquél avión, digo yo que tendría que pagar una multa como hizo Melendi en su día por la tontería de no sentarse con los otros….
Llegamos en Mandello di Lario y a parte de comprovar que el supuesto piso, era una casa de tres pisos, flipé con lo que saben cocinar los italianos, que con cuatro cosas te montan un pedazo de cena. El sábado por la mañana fuimos Lecco y a Como, que son ciudades bonitas y aburridas (esto me suena), y después de comer nos largamos a Milán para ir de compras, ya que allí estaba todo visto y revisto, y yo hacía un par de años que no iba a la ciudad. Allí vimos que hay gente con mucha pasta, y que la crisis no es igual para todos pero ni de coña. Había gente (sobretodo japonesas) que salía de tiendas carísimas, con bolsas colgadas hasta del chirri y con una sonrisa de oreja a oreja. En fin, que dentro aquél espiral de consumismo yo también terminé comprando.
Por la noche, después de ver que Giuseppe tardaba más en arreglarse que su novia, fuimos a una discoteca que en teoría Paris Hilton había estado tres semanas antes presentando no sé qué. El local se llamaba Hollywood, había gente muy muy estirada, muy guapa también y me dijeron que era una discoteca que es muy conocida porqué va gente famosa, modelos y futbolistas varios, pero a mi esta información me daba un poco igual. Estuve toda la noche hablando de futbol, que es un tema que me la trae bastante floja, pero que a los amigos de Giuseppe, se ve que no. Atención a los precios: un cubata treinta euros y una cerveza veinte.
El domingo lo aprovechamos para pasear por el lago, hacer una pena de fotos y comprar otra vez, ya que un domingo al mes los comercios abren todo el día (no me extrañaría que Berlusconi tuviera algo que ver, ya que es el dueño de la mayor cadena de supermercados de Itália). Aún no me explico como me han dejado pasar en el aeropuerto, ya que he comprado comida al menos por un mes, que me he llevado hasta rúcola que allí sí que es buena.